Percibimos el mundo tal y como nos lo muestran las imágenes que viven dentro de nosotros. Estas imágenes internas funcionan de manera similar a las fotografías: una vez que quedan grabadas, empiezan a influir silenciosamente en lo que percibimos, en lo que sentimos y en cómo actuamos.
Este mundo interior es mucho más poderoso de lo que pensamos. Podríamos decir incluso que, durante una parte importante de nuestra vida, son estas fotografías internas las que nos guían. Cuando nos encontramos ante una situación, no partimos de cero. Nuestro cerebro ya trabaja con "imágenes predeterminadas" sobre lo que está a punto de suceder.
Por ejemplo:
"No me toman en serio".
"El mundo es peligroso".
"Puedo resolverlo".
No son simplemente pensamientos, sino sistemas internos que nos orientan. Determinan:
lo que percibimos,
lo que ignoramos,
cómo reaccionamos,
y cómo nos sentimos.
Podemos distinguir tres tipos: algunas imágenes son flexibles, otras son parcialmente flexibles y otras llegan a volverse completamente rígidas.
Hablamos de imágenes rígidas cuando damos por verdadero algo en todo momento: "Yo soy así" / "El mundo es así" / "Los demás son así". En estos casos, la imagen no pregunta, no cuestiona, no permite excepciones. Lo que hemos almacenado queda establecido y punto: "No soy suficientemente bueno" / "Siempre se aprovechan de mí" / "No se puede confiar en nadie". Estas afirmaciones pueden contener una parte de verdad, pero el problema es que terminan aplicándose a todas las situaciones. Y eso limita nuestra manera de ver el mundo. Es como si observáramos la realidad siempre a través de un único filtro.
En el caso de las imágenes parcialmente flexibles, ya empezamos a abrirnos de vez en cuando. Es un estado de transición. En algunos momentos la imagen interna parece cierta, pero en otras situaciones ya no: "A veces sé manejar bien las situaciones y otras veces no" / "Hay personas en las que confío y otras en las que no" / "En determinadas situaciones soy fuerte". Esto ya representa un funcionamiento mucho más saludable, porque aquí aparece la posibilidad de la excepción. El mundo deja de ser blanco o negro.
Las imágenes flexibles, en cambio, no están cerradas, sino que permanecen abiertas. El mundo sigue siendo algo vivo. En este caso, nuestro pensamiento puede sonar así: "Esto ha ocurrido de esta manera, pero también podría ser diferente" / "Esto es lo que veo ahora, pero puedo aprender a partir de nuevas experiencias". Este tipo de imagen interna permite el crecimiento. No nos quedamos atrapados en una única imagen de nosotros mismos, sino que somos capaces de cambiar a partir de nuestras experiencias.

¿Por qué son tan importantes estas imágenes?
Porque no solo pensamos: vivimos de acuerdo con nuestras imágenes internas. El efecto de estas imágenes se manifiesta en tres niveles diferentes: la atención, las emociones y el comportamiento. Es decir: lo que percibimos, lo que sentimos y lo que hacemos. Por ejemplo, si alguien lleva dentro de sí la imagen de "no soy suficientemente bueno", su atención se dirige con mayor facilidad hacia sus errores. Puede experimentar más vergüenza o ansiedad y tender a retraerse o, por el contrario, a compensar en exceso. No es la realidad la que le guía, sino su propia imagen interna de la realidad.
Sin embargo, la buena noticia es que estas imágenes no están grabadas en piedra, no son definitivas.
Las creamos a través de nuestras experiencias, de la repetición, de nuestras relaciones y de nuestras vivencias emocionales. Y también a través de todo ello podemos transformarlas. Pero no sucede rápidamente, ni simplemente porque lo decidamos. Sucede a través de nuevas experiencias. Cuando alguien experimenta una y otra vez que es capaz de conseguir algo, que es aceptado o que está seguro dentro de una relación, la antigua imagen va perdiendo poco a poco su fuerza.
La esencia del cambio no consiste en pensar de manera más positiva. Consiste en que nuestras imágenes internas no sean demasiado rígidas, que no nos encierren y que no se conviertan en verdades definitivas. Que puedan actualizarse y que podamos permitirnos la posibilidad de cambiar.
Porque el crecimiento comienza cuando la antigua imagen ya no consigue explicar por completo nuestra vida y deja espacio para una manera de ver más amplia, más abierta.
"Muchas veces no es el mundo que cambia a nuestro alrededor. A veces lo único que cambia es la imagen que llevamos dentro. Y, sin embargo, a partir de ahí, todo puede parecer diferente."