Hoy en día escuchamos cada vez más que debemos atrevernos a salir de nuestra zona de confort.
¿Quieres un cambio? Entonces da el paso y hazlo. ¡Sé valiente! Y podría seguir enumerando ejemplos.
En gran medida, yo también estoy de acuerdo con esta idea. Sin embargo, añadiría un pequeño detalle que, aunque pueda parecer insignificante, es extremadamente importante: encontrar la medida adecuada.
¿Y qué significa esto realmente?
Seguro que también conoces a personas que consideras más valientes, más atrevidas o más dispuestas a asumir riesgos. Y probablemente también te hayas encontrado alguna vez con alguien de quien hayas pensado:
„Pero si esto tampoco es tan difícil. ¿Por qué no lo intentas? ¡Atrévete!”
Soy life coach y fisioterapeuta. En mi trabajo con mis clientes, día a día buscamos que los tejidos reciban una carga adecuada, lo que en fisioterapia llamamos una carga óptima. Si no tenemos esto en cuenta y aplicamos una carga demasiado rápida o demasiado intensa, el riesgo de lesión aumenta considerablemente.
Me gusta mucho este paralelismo, porque creo que el funcionamiento de la zona de confort es bastante similar.
Podemos distinguir tres fases.
La primera es la zona de confort. Aquí nos sentimos seguros. Estamos rodeados de situaciones que conocemos, que nos resultan familiares y a las que nuestro sistema nervioso ya se ha adaptado.
La segunda es la zona de aprendizaje o de crecimiento. Aquí ya no todo es predecible. Aparece algo nuevo: una situación poco habitual, un desafío, una sensación de incertidumbre. Puede resultar un poco incómoda e incluso dar miedo en algunos momentos. Y, sin embargo, este es precisamente el espacio en el que comenzamos a crecer.
La tercera es la llamada zona de pánico. Es cuando el desafío se vuelve demasiado grande. La incomodidad se convierte en sobrecarga y la nueva situación deja de ser estimulante para convertirse en algo que nos bloquea. En estos momentos pueden aparecer la ansiedad, la respuesta de congelación o el impulso de huir, y finalmente terminamos diciendo que no a aquello que tenemos delante.
„Muchas personas no dejan de avanzar porque sean débiles, sino porque su organismo percibe el cambio como una amenaza.”

Del mismo modo que no comenzamos a utilizar un tejido lesionado aplicándole la máxima carga, tampoco necesitamos afrontar los cambios de la vida de golpe. Necesitamos una adaptación progresiva.
Si avanzamos con pequeños pasos, con una carga adecuada, repetición y consciencia, nos resulta mucho más fácil superar los obstáculos. Nuestro sistema nervioso también necesita tiempo para adaptarse a las nuevas situaciones. Y aquello que antes parecía aterrador puede, con el tiempo, llegar a sentirse natural.
Para terminar, me gustaría proponerte un sencillo ejercicio que puede ayudarte a encontrar tu propia zona de crecimiento.
Antes de enfrentarte a una situación o tarea nueva, pregúntate:
¿Qué tendría que cambiar para que, en una escala del 0 al 10 - donde 0 significa que la situación no me resulta incómoda en absoluto y 10 que me resulta extremadamente incómoda - pudiera vivirla con una intensidad de solo 2 o 3?
¿Qué tendría que ser diferente?
¿Qué pequeño cambio haría que la situación resultara menos intimidante?
¿Cuál sería el paso más pequeño que todavía podrías dar sintiéndote seguro?
Y después, no lo olvides:
una vez que nace la idea, vienen los pasos.
Porque:
„La acción es la base de todo éxito.” - Pablo Picasso